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Estudiar un posgrado ¿Para qué?

En México, la matrícula de estudiantes de posgrado en los diversos campos del conocimiento, se ha incrementado desde hace dos décadas en un 167%. Los reportes estadísticos de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), reflejan un aumento del 15 % en la inscripción a posgrados del año 2004 al 2008. En Sonora, las cifras de inscripción a algún posgrado ofertado por el Instituto de Formación Docente del Estado (IFODES), destacan que del ciclo lectivo 2008-2009 al 2009-2010, el incremento en la matrícula fue del 78%. Una reciente investigación señala que “más de la mitad de los docentes (65%) revelan como probable o muy probable su próxima incorporación a estudios de posgrado, 30% manifestó – por el contrario – no tener intenciones de realizar estudios en ese nivel educativo, en tanto que al 2% le resulta totalmente indiferente esta posibilidad”.

Este panorama da cuenta del interés que prevalece entre los usuarios para acceder a opciones de profesionalización y/o de investigación; interés que puede estar asociado a diversas motivaciones, sean éstas extrínsecas o intrínsecas. Algunos estudios vinculados con este tema destacan que los motivos para ingresar a un posgrado pueden ser: la certificación, el progreso en el escalafón, la Carrera Magisterial, el aumento salarial. La carrera universitaria, los ascensos en la estructura administrativa, el desarrollo profesional, la oportunidad vocacional tardía, el desarrollo personal y el desempleo. Otros investigadores destacan la necesidad de reconocimiento o el incremento de prestigio en la comunidad en la que los usuarios se desenvuelven. Un motivo más que parece estar en el imaginario de los estudiantes es el asumir que el posgrado los habilita para ser catedráticos de las instituciones donde se forman, no obstante que el planteamiento curricular no abone en este sentido.

Sea cual fuere la motivación para adscribirse a un posgrado, hay ciertos aspectos que los estudiantes deberían considerar al emprender esta tarea académica. Desde nuestra perspectiva distinguimos al menos tres motivaciones sustantivas inherentes al sujeto: la necesidad de obtener saberes teóricos y prácticos para la labor que se realiza, la adquisición de elementos para el impulso a la innovación y/o la investigación y, finalmente, la autorrealización.

Dos aspectos que no deben dejarse de lado son el tipo de posgrado y el respaldo académico de la institución que lo ofrece. Incluirse en un posgrado de dudosa calidad, o que sólo tenga un carácter remedial, no será la mejor alternativa para invertir nuestro tiempo y dinero. Pero ese es tema que abordaremos en otro artículo.